jueves, 4 de septiembre de 2008

Una vez recorrí los 378 kms que separan París de Nantes en el Fiat Panda de una chica alemana. Fue lo más cerca que he estado en mi vida de comprobar empíricamente la teoría de la relatividad de Einstein, es decir: el tiempo entre dos eventos medido por dos observadores no coincide, sino que depende del estado de movimiento relativo entre los dos observadores. Esta chica alemana se empeñaba en difundir la noble tradición de su pueblo de no tener límite de velocidad en las autopistas, de tal modo que dentro del Fiat Panda se generaba una dimensión independiente en la que el tiempo transcurría de forma distinta al resto del mundo. Para empezar aquel coche, por el sonido de su motor y por los estratos de mierda en sus alfombrillas, debía de tener unos ciento veinte años. Como el Fiat Panda empezó a fabricarse en Italia en el año 1980 sólo se me ocurría que se trataba de un Panda del futuro: es decir, un Panda fabricado en 1980 pero que, gracias a la capacidad germánica de superar la velocidad de la luz y encontrar agujeros de gusano, llevaba ciento treinta años viajando en el tiempo hacia delante y hacia atrás. Además, en la radio la chica llevaba un cassette con una música que sonaba exactamente igual al soul de la Motown de los años 60, pero cantado en alemán. Yo no paraba de preguntarme en qué extraño universo paralelo la Motown había grabado sus éxitos en alemán, quizá en uno en que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso no tenía tiempo de temer por mi vida porque estaba ocupado preguntándome si al bajar del coche se notaría que había envejecido mucho menos que la gente que había parado a echar gasolina o simplemente había respetado las leyes del continuo espacio-tiempo. Cuando llegamos a Nantes lo primero que se me ocurrió fue ir corriendo a una casa de apuestas nacional para apostar por el resultado del partido Paris Saint Germain- Auxerre, que yo ya había visto antes de salir de París y que estaba a punto de comenzar entonces. Por desgracia todo el mundo esperaba un cero a cero sin necesidad de viajar en el tiempo y mis ganancias no fueron muy grandes, pero dieron para pagar la gasolina del Panda.

2 comentarios:

cráneo dijo...

Permíteme decir que prefiero estas entradas que las parrafadas musicales y para mí perfectamente atragantables de tu otro blog.
Me he reído mucho.
Por cierto, que vete a saber por qué conexión neuronal, creía que tu blojj se llamaba "El orificio de dormir".
Freud, chúpate ésa.

JLG dijo...

Mi primer comentario, ¡yupi!

He estado a punto de tomarme a mal lo del otro blog, pero la verdad es que yo también acabé cansado de aquello.

En cualquier caso, como verás, los vicios se repiten y la última entrada es peligrosamente larga. Aún así tengo reservados algunos textos estilo "el panda del futuro" escritos este verano que espero ir colgando poco a poco, así que no desanimes.